El dolor es WEIRD

Brazos de distintas personas unidos.

En los últimos 15 años se han publicado casi tantos estudios en dolor como en todos los años previos juntos. La insondable cantidad de información y evidencia disponible, lleva a muchos académicos, clínicos y científicos a postular conjeturas universales sobre el comportamiento, la psicología y la conducta humana frente al dolor respaldadas con frecuencia por las revistas más prestigiosas del mundo. La mayoría de los datos de donde se extraen tales afirmaciones, sin embargo, son extraídos a partir de un pequeño grupo de personas, con mínimas variaciones entre ellas y escasa representación social: los sujetos «WEIRD». 

El término W.E.I.R.D posee una traducción inmediata: «extraño», pero además es un acrónimo desarrollado por Joseph Henrich, Steven Heine y Ara Norenzayan (2010) que, bajo sus siglas en inglés, destaca la sobrerrepresentación en los ensayos clínicos de sujetos occidentales, ricos y en formación académica dentro de una sociedad democrática e industrializada. Para ponerlo en contexto, un estudio en 2008 sobre las principales revistas de psicología encontró que el 96 % de los sujetos procedían de países occidentales industrializados, mismos que albergan solo al 12 % de la población mundial. Este tipo de análisis se han replicado en años posteriores y los resultados, aun los más actuales, son siempre similares.

Este es el mural más grande del mundo; se encuentra en la CDMX.

La asunción de que todos compartimos los mismos procesos cognitivos, afectivos y emocionales -aún incluso los más fundamentales- no se limita a la psicología, o a la economía, también salpica a los profesionales del dolor. Las estrategias de prevención, los recursos de afrontamiento y compensación, o los mecanismos de recompensa, e incluso la propia dinámica cerebral, que tanto se estudian en dolor y que han promovido tratamientos con altos niveles de evidencia que aspiran a ser recomendaciones universales, son en realidad, comportamientos y resultados específicos extraídos de y para una población ya no sólo bien determinada y minoritaria, sino también contraintuitivamente extraña.

Por supuesto, reconocer las limitaciones en nuestro conocimiento y los alcances de la diversidad humana no significa renunciar a la búsqueda de encontrar respuestas. Por el contrario, este reconocimiento nos ilumina un camino científico, ético y político hasta hoy poco explorado, que en última instancia, resulta más importante de lo que se había sospechado. Al final, y en sincronía con los expertos, nos queda ser optimistas respecto a los datos que tenemos, pero aceptando que en verdad no tenemos idea de cuán grande es en realidad la parte del iceberg mayormente sumergida.

Referencias:
1. Henrich, J., Heine, S. y Norenzayan, A. (2010). Most people are not WEIRD. Nature, 466, 29.

2. Arnett J. (2008). The neglected 95%: why American psychology needs to become less American. The American psychologist, 63(7), 602–614.

3. Henrich, J. (2020). The WEIRDest people in the world: How the West became psychologically peculiar and particularly prosperous. USA: Farrar, Straus and Giroux.

Rafael Ugarte. Graduado en fisioterapia. Especialista en gestión y dirección de instituciones de salud. Máster en investigación biomédica. Docente en cursos de grado y posgrado y razonamiento clínico. Investigando en biomecánica de la región lumbar y los dinosaurios en general.

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